El Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo está situado sobre el solar de la antigua cárcel de Badajoz, a su vez construida a mediados de los años cincuenta sobre el recinto de un antiguo baluarte militar, el llamado Fuerte de Pardaleras, levantado en el siglo XVII. Aunque ya había sido totalmente demolido cuando se construyó la cárcel, el baluarte ocupaba una posición de gran valor estratégico y constituyó uno de los emplazamientos defensivos más importantes del sistema Vauban que amurallaba la ciudad.

La “Prisión Preventiva y Correccional” de Badajoz había sido proyectada por técnicos de la Dirección General de Prisiones durante los primeros años de la posguerra, en 1941, aunque no se terminó hasta 1958. Concebida como un establecimiento a cuya construcción debían inicialmente contribuir los propios reclusos en régimen de redención de penas, la arquitectura de la cárcel respondía al modelo penitenciario de rotonda (o torre central) y naves radiales inspirado en el panóptico de Bentham.

El complejo penitenciario había sido construido con materiales cuyas carencias recordaban las que fueron propias de la época en que se edificó: hormigón armado sólo en la estructura del módulo central, muros de carga en el resto de las dependencias, cubriciones de teja árabe…Más de ciento cincuenta años después de haber sido formulados los principios característicos del panóptico benthamiano, la abandonada cárcel evocaba la ruina de aquel modelo y los restos de su máquina arquitectónica el amargo recuerdo de su función autoritaria.